Niko Cuenca Beristain

Economista y asesor de ‘Enpresabidea’.

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Economía

No es fácil escribir sobre los aranceles; no, en estos tiempos. Decidí no escribir este artículo hasta el último momento, queriendo abordar el tema con la mayor exactitud posible. No sabemos cuándo hará pública Donald Trump su última ocurrencia. La semana que escribí este artículo, el inquilino de la Casa Blanca habló tres veces sobre los aranceles: la venta de Tik-Tok, el petróleo de Venezuela o temas relacionados con el sector de la automoción. Se trata de un comportamiento inesperado por parte de la primera potencia mundial que, sin duda, ha puesto patas arriba a los mercados.

Apenas han pasado dos meses desde que Trump accedió al poder, y ya se nos está haciendo largo, muy largo. Generalmente, han sido dos las claves que han marcado su mandato: la inmigración y los aranceles. Día sí y día también recibimos un bombardeo de noticias relacionadas con estos dos ámbitos. Sus mensajes llenan los principales medios de comunicación y las principales redes. Steve Bannon, el asesor ultraderechista de Trump, es quien está detrás de esta estrategia. Esta estrategia es denominada «Flood the zone». Inunda el campo, inunda a la oposición, instituciones, medios de comunicación y opinión pública con una avalancha de mensajes. La estrategia, en realidad, coincide con el carácter de Trump, acaparando el protagonismo y poniendo a bailar a todo el mundo. El caso es que, en mi opinión, el presidente -y su equipo- no ha calculado bien los daños colaterales de sus decisiones. En este artículo no voy a entrar en su discurso clasista, racista y xenófobo sobre la inmigración. Hablaré sobre los aranceles, con la intención de ofrecer una visión tan crítica como didáctica.

Los aranceles son instrumentos indispensables para la política comercial de un país (o región). Los gobiernos buscan el consenso en torno a este tema para facilitar el comercio en un mundo cada vez más unido. En la mayoría de los casos, los productos incorporan componentes de distintas procedencias, y no establecer aranceles puede ser una estrategia lógica para que el producto final no se encarezca mucho. Pero también ha habido aranceles que han sido herramienta indispensable para el desarrollo de un país. China y el Estado Español son ejemplo de ello. En la década de los 60, el franquismo se valió del proteccionismo para impulsar una economía duramente golpeada por la Guerra Civil, sobre todo en el sector de la automoción, aplicando aranceles muy altos a empresas que no estuvieran implantadas en el territorio. Renault, Ford, Volkswagen, Opel, Mercedes… Fueron muchas las empresas que decidieron instalarse en el estado, como ocurrió con Volkswagen, en Landaben; y, Mercedes, en Gasteiz. El protagonismo actual del sector proviene de esa época.

China aplicó una política proteccionista similar. Durante años, el gigante asiático ha ofrecido mano de obra barata, y muchas industrias han decidido instalarse en el país, entre ellas, la industria de la automoción. China, sin embargo, impuso condiciones estrictas a las empresas que apostaron por implantarse en el país: las compañías extranjeras debían tener una empresa socia local (se estableció a través de una joint-venture, y las socias extranjeras disponían de menos del 50% del capital) y compartir tecnología. Es muy evidente que la estrategia desarrollada por Pekín ha dado sus frutos y hoy en día está por delante de Europa y EEUU en varios aspectos tecnológicos. No hay más que ver el caso del CEO de la casa Ford para darse cuenta de ello: le llevaron el último modelo de Xiaomi para probarlo, desde Shanghái a EEUU; ahora no quiere conducir otro coche.

Es evidente, por tanto, que el proteccionismo puede tener sentido desde una estrategia para el desarrollo de un país. En el caso de Donald Trump, sin embargo, es incomprensible. Los estados que han votado a Trump han sido aquellos donde la industria ha perdido peso, pensando que será capaz de recuperar los buenos tiempos del pasado. Se les ha prometido que la industria del automóvil volverá a florecer en EEUU, y pretende hacerlo con aranceles. A muchas personas se les olvida, sin embargo, que fueron las políticas neoliberales las que dieron pie a la deslocalización de las industrias. Las empresas trasladaron la producción a países como China o México para obtener mejores beneficios, provocando el declive de la industria local. La mitad de los vehículos vendidos en EEUU en 2024 fueron fabricados fuera de EEUU, principalmente en México (22,8% de los vehículos importados) y Japón (17,3%).

Para revertir la situación, Trump impondrá unos aranceles del 25% a los coches importados y a varios componentes. No es fácil calcular el impacto de esta medida, pero es evidente que la guerra de los aranceles no beneficiará a nadie. La empresa más afectada será, por ejemplo, General Motors, que importó 750.000 vehículos producidos en México y Canadá. En el caso del País Vasco, no sabemos cómo afectarán estas medidas a nuestras empresas. Las plantas de Landaben y Mercedes venden sobre todo en Europa, pero en este mundo globalizado en el que vivimos, las cadenas de producción disponen de componentes producidos por empresas vascas. Por otro lado, no debemos olvidar que muchas de nuestras empresas tienen fábricas en México y que ese país será el más golpeado por las decisiones de Trump.

Existe un claro ganador en toda esta política de los aranceles impuestos en el sector de la automoción: Elon Musk. Tesla tiene fábricas en China y en Alemania, generalmente para abastecer los mercados de Europa y de Asia. Dispone de dos fábricas en EEUU, por lo tanto, no tendría que pagar aranceles. Una gran ventaja desde el punto de vista del precio para los coches importados desde otro país.

Sin embargo, las amenazas sobre los límites fiscales de Trump van más allá del proteccionismo y las ha utilizado como instrumento para condicionar las decisiones de los países. Acaba de extender su amenaza de imponer aranceles del 25% a quienes compren petróleo a Venezuela y ha dicho a China que si no ayuda a vender Tik-Tok a una empresa estadounidense le subirá los aranceles. Trump ha cruzado una especie de línea roja con estas decisiones, llevando los aranceles más allá del ámbito comercial.

Aún está por ver hasta dónde llegará su administración con estas medidas, pero ya han tenido efectos que hace poco eran impensables. En las últimas semanas hemos visto un acercamiento entre el Reino Unido y la Unión Europea, y en Canadá se está imponiendo una posición contraria a EEUU (y a favor de Europa). En este último caso, lo cierto es que las declaraciones de Trump para hacerse con Canadá no han ayudado. Ante la ofensiva de Trump (no hay más que escuchar las declaraciones del presidente JD Vance sobre Europa) Europa tiene muy claro que debe encontrar nuevos mercados, y esa vía de escape puede ser la del Mercosur. Von der Leyen firmó un preacuerdo con Mercosur el año pasado y ahora deberá ser ratificado por cada estado. Aunque en un principio Francia se opuso, Trump puede provocar un cambio de opinión.

Los mercados también se han visto notablemente afectados por las decisiones de la Casa Blanca: mientras las bolsas europeas han evolucionado positivamente en lo que va de año, las de EEUU han desplomado notablemente. El propio Trump ha reconocido que existe el riesgo de entrar en recesión.

El ámbito de la geopolítica y la diplomacia también se han visto afectados por las decisiones de la nueva administración. Vaciar la organización para el desarrollo USAID ha anulado sus programas de ayuda de todo el mundo. Con ello, ha allanado el camino de China, quien ha atraído a muchos gobiernos de África y Sudamérica a través de ayudas de desarrollo y créditos.

Trump activó una estrategia similar en su primer mandato, pero en 2018 tuvo que retroceder en el ámbito de los aranceles. Esta vez parece que quiere seguir el mismo camino. Eso sí, parece que no ha medido bien sus fuerzas. China está a punto de vencer la hegemonía económica de EEUU y parece haberse adelantado en tecnología e inteligencia artificial. Europa, histórica aliada de EEUU, ya le mira con recelo y empieza a trazar su propio camino para garantizar su independencia económica, energética y militar. Bruselas ha comenzado a reforzar las relaciones con Canadá, Mercosur e India y podría comenzar a introducir cambios en los mercados.

Pienso que Trump no ha valorado los daños colaterales que pueden tener sus decisiones. Ha entrado de lleno en el laberinto arancelario y aunque los lobbies industriales de EEUU empiezan a quejarse, ha decidido avanzar a ciegas. ¿Se perderá en su propio laberinto?

 

El texto ha sido creado en euskera. Esta es una traducción del departamento de Comunicación de Fagor. 

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